La sala de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB acogió ayer la presentación de la nueva Cátedra de Memoria Democrática. El acto tuvo lugar en una facultad «que ha sido históricamente un espacio de movilización, de debate, de construcción de una cultura democrática en la que las vanguardias sociales y políticas han tomado forma tanto en la actividad académica como en la vida colectiva del campus», en palabras de la decana de la Facultad, Margarita Freixas, que añadía que el Càtedra «estuvo y la Cátedra».
La directora de la Cátedra, la catedrática emérita de Historia Contemporánea de la UAB Carme Molinero, presentó sus objetivos básicos, destacando la importancia de «hacer llegar el conocimiento histórico a la sociedad», ya que la «falsa memoria del franquismo representa unas posiciones que sirven de base para determinados relatos actuales». «El gran reto de los historiadores es colaborar en que el conocimiento histórico conforme la base de la memoria pública», añadió.
En el marco de la presentación de la Cátedra, la mesa redonda «1976, año clave del proceso de transición» reunió a los profesores Pere Ysàs, Martí Marín y Xavier Domènech, del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea, para exponer diferentes aspectos del proceso. Pere Ysàs destacó la importancia del estudio comparado por ver que «si una dictadura no está en crisis, se mantiene, aunque muera el dictador». «A mitad de los 70 el franquismo estaba inmerso en una profunda crisis que hacía muy difícil su continuidad», añadía. Para el profesor Ysàs, la interacción de tres proyectos, un continuista, otro reformador y un tercero democrático, cada uno con sus apoyos sociales e institucionales, explica el proceso de transición.
El profesor Martí Marín, para quien 1976 es «la expresión de hasta qué punto no es verdad la leyenda de que las derechas han estado siempre de acuerdo y las izquierdas, todo lo contrario», argumentó que «los conservadores fueron incapaces de generar una única opción para mantener la dictadura». Marín recordaba que figuras como Manuel Fraga y Adolfo Suárez pensaban en un modelo de apertura controlada del sistema, con un juego de partidos limitado y un partido dominante, como sucede en la actualidad en Japón o México. La lógica del «ahora nos vamos y después volveremos» se materializó en una ley electoral en la que «como máximo dos partidos estarían en condiciones de encabezar un gobierno». A diferencia de la interpretación habitual, Marín defiende que en aquellos momentos de la transición «el ambiente real no era de pacto».
El profesor Xavier Domènech, en la última intervención de la mesa redonda, rechazó la idea de que la transición española fuera una operación planificada entre «una élite de políticos brillantes». Fue, explicaba, «un proceso lleno de incertidumbre». El verdadero motor del cambio no fueron sólo las instituciones ni los «despachos», sino la presión callejera, con huelgas y movilizaciones. Pese al control de la calle «el Estado español era el que tenía el mayor número de conflictos en toda Europa», con un epicentro «en el Baix Llobregat y el Vallès Occidental».
La clausura de la presentación de la Cátedra corrió a cargo del rector Javier Lafuente, quien recordó que «los derechos democráticos no deben darse por hechos, la democracia no se recibe como un don, se conquista y hay que defenderla de sus enemigos». Para el párroco, la Cátedra será «una de las herramientas de la ciencia y de la cultura para vencer y convencer en esta batalla y contribuirá al estudio de este pasado ya su divulgación como forma de fortalecer la conciencia cívica, crítica e informada impregnada de los valores democráticos». La nueva Cátedra de Memoria Democrática de la UAB será, en palabras del rector, «una herramienta de estudio y de combate cívico contra quienes pretenden liquidar derechos y libertades».